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¿Qué caracteriza al gobierno de Sebastián Piñera?

Se echa de menos la existencia de una utopía propia, de una narrativa que entusiasme no sólo a quienes siempre votaron por el sector, sino también a aquel porcentaje que le dio la necesaria mayoría

Por: Ricardo Israel - Columnista - Edición Nº 181
 
Sebastian Piñera  
 

El triunfo electoral de Sebastián Piñera no fue un dato menor, considerando dos elementos: primero, que la Concertación había sido una larga y exitosa coalición política, y segundo, que desde 1958 no era electo un candidato que representara a la centro-derecha.

Junto con los nombres de sus colaboradores, los analistas intentaban entender qué porcentaje de este cambio se debía al agotamiento del entonces oficialismo y cuánto a las propuestas del ganador. En todo caso, no se esperaba una variación básica en la economía como tampoco en el sistema político o en las relaciones exteriores del país.

En lo que si se esperaba un cambio fuerte era en la gestión, es decir, en la forma como era administrado el Estado. Ello también pasaba por dos necesidades comunes a toda administración: un acuerdo básico de gobernabilidad entre sus partidarios, y la necesidad de buscar la ampliación de la base del gobierno para sacar adelante su agenda legislativa, considerando el virtual empate que existe entre las dos fuerzas principales.

Algo importante para Piñera era manejar las expectativas, considerando la reciente experiencia de Obama en EE.UU., es decir, que no se esperara del gobierno soluciones rápidas o fáciles.

Todo cambió el 27 de febrero con el devastador terremoto, modificando las urgencias no sólo del gobierno sino también del país. Pasaron entonces a un segundo lugar las dificultades de instalación, e incluso aparecieron debates inesperados, como el aumento de impuestos o el royalty minero.

El gobierno se encontró inmediatamente con una tarea, y la manera en que la resolviera iría a marcar la forma en que la opinión pública percibiera su desempeño. De tal manera concentró los esfuerzos y energías del gobierno, que el Presidente además de su rol de Jefe de Estado, muchas veces dio la impresión de ser también un co-ministro en varias áreas, recordando el estilo del Presidente Sarkozy de Francia. De tal modo la agenda pública estuvo concentrada y con razón en este tema, que solo se vinieron a retomar las propuestas de campaña con la carta de navegación que entregó su primer Mensaje a la nación el 21 de mayo.

Tal como se esperaba, no siempre ha existido acuerdo entre el alma conservadora y liberal del gobierno, y la oposición todavía está confundida, aunque logró sobrevivir relativamente unida a su derrota. Sin embargo, incluyendo la fuerte tradición presidencialista del país, no hay duda que los temas y soluciones han girado en torno a las propuestas presidenciales. Sobre todo, alrededor de su actividad.

De la emergencia a la reconstrucción

Sin embargo, ello no va a durar para siempre. La fecha incluso puede ser marcada por el mismo terremoto, ya que el gobierno va a tener que pasar en algún momento de la emergencia a la reconstrucción y ello implica una propuesta política, a la vez de Estado y de país.

Y allí surge el gran tema pendiente: ¿qué caracteriza al gobierno de Sebastián Piñera frente a la historia? Y sea o no por las urgencias del terremoto, eso es lo que se echa de menos, en el sentido que todavía el gobierno carece de su propia utopía, de una narrativa que entusiasme no sólo a quienes siempre votaron por el sector, sino también a aquel porcentaje que le dio la necesaria mayoría.

En otras palabras, una definición que permita clarificar la forma en que Sebastián Piñera pretende quedar en los libros de historia, como lo que la transición fue para Patricio Aylwin. Al respecto, hay un ejercicio que siempre recomiendo: revisar los libros de los escolares, donde todo gobierno recibe un par de líneas, lo que ayuda mucho a diferenciar lo trascendente de lo urgente

Ricardo Israel
PH.D

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