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Huellas que lideran el combate al cambio climático

La huella de carbono y la huella del agua involucran acciones humanas, que permiten mitigar procesos de emisiones tóxicas y lograr una mejor adaptación a las nuevas condiciones climáticas, para así prevenir y luchar contra el deterioro del medio ambiente

Por: Sergio González - Columnista - Edición Nº 184
 
 

En el último tiempo hay dos términos que se han hecho de uso frecuente en los medios de comunicación y en algunos segmentos de la población, aunque no siempre sus significados son muy claros para todas las personas o no son usados con la misma acepción, ellos son: la "huella de carbono", a la que se ha sumado últimamente la "huella del agua". Son expresiones han llegado para quedarse, para ser parte del léxico común.

Estos términos están asociados al combate del cambio climático antrópico (degradación del relieve y subsuelo, erosión, provocado por el hombre); uno apunta a mitigar la ocurrencia del proceso (huella de carbono) y el otro, a una mejor adaptación a las nuevas condiciones climáticas (huella del agua).ç

"Huella de carbono" es un término que deriva de "food miles" ("millas alimenticias" o "millas de los alimentos"), originado por los movimientos ambientalistas británicos, a principios de este siglo, que consideran que el transporte de alimentos también es una fuente emisora de gases de efecto invernadero (los GEI) y, por lo tanto, una forma de combatir el cambio climático antrópico es comer los alimentos producidos localmente. El slogan de sus campañas fue "combata el cambio climático: coma o consuma local".

Aunque hoy su validez puede ser cuestionada, ya que se sabe que la huella de carbono de los alimentos no depende sólo de la distancia existente entre el mercado de consumo y la zona de producción, sino también de las circunstancias (naturalidad versus artificialidad) de los sistemas de producción y de tratamientos de pos cosecha. El slogan prendió muy fuerte entre los consumidores del mundo desarrollado, europeos principalmente, muy sensibilizados en el combate al cambio climático antrópico, lo que complica la situación de los productores de países lejanos que exportan a los del primer mundo.

Huella de carbono

La huella de carbono puede ser aplicada a una empresa, a un producto o a una actividad personal. En general, identifica la emisión de GEI generada como consecuencia de la ocurrencia de una actividad, dentro de un marco temporal determinado: en el caso de una empresa, la emisión ocurrida en un mes o año; en un producto, la emisión ocurrida durante el ciclo de vida de una unidad física; en el de una persona, la emisión de la(s) actividad(es) ejercida(s) en un tiempo determinado.

Su expresión es en CO 2 -equivalente. Para una empresa o una persona, se expresa en función del lapso considerado (para una empresa también usarse el número de trabajadores). Para un producto, se toma en cuenta el ciclo de vida de una unidad funcional. El cuadro siguiente presenta algunos valores de huella de carbono, asociada a productos.

Dado que la huella de carbono intenta traducir en emisión de gases invernadero, las actividades humanas ejercidas u ocurridas en distintas esferas y siendo estas emisiones las causantes del calentamiento global, artífice del cambio climático antrópico, es evidente que su medición proporciona una medida cuantitativa del aporte de estas actividades al cambio climático. Por consecuencia, el abatimiento de la huella de carbono sería parte de una estrategia mitigatoria, respecto de la incidencia de este cambio de los climas.

Cuadro:

Valores de huella de carbono de productos agropecuarios nacionales (kg CO 2 e/unidad funcional), con ciclo de vida desde producción hasta entrega en puerto extranjero

(resultados de Estudio INIA-FIA, 2010, tomados de www.inia.cl )

Huella del agua

La huella del agua relaciona el consumo del agua (básicamente dulce), con la población o sus usos. Se entiende que sería el volumen total de agua requerido para sostener la actividad de una empresa en un tiempo determinado, la producción de una unidad física o la(s) actividad(es) desarrollada(s) por una persona en un lapso determinado.

También es aplicable a una nación y se habla de la huella hídrica del país (o de alguna región administrativa o de alguna cuenca hidrográfica), en un símil de lo que son los inventarios anuales de gases invernadero, que informan del total emitido de gases invernadero por un país o región, en 12 meses consecutivos. Algunos valores de consumo de agua per cápita, por país, son presentados en el siguiente cuadro.

Consumos per cápita de agua de agua, en diferentes países

(datos tomados de Revista Chileriego N° 36, Dic-2008)

La huella del agua está conformada por el consumo de: "agua verde", aportada por las lluvias; "Agua azul", aportada por el riego; "aguas grises", corresponden a la que es requerida para diluir los contaminantes descargados hasta niveles bajo las normas ambientales, y el "agua virtual", que es el volumen requerido para producir una unidad de un producto o de un servicio.

Así como el abatimiento de la huella de carbono es claramente una acción de mitigación, el abatimiento de la huella del agua es, sin lugar a dudas, una acción de adaptación al cambio climático, debido a que significaría ser más eficiente en el uso de los recursos hídricos y poder seguir funcionando con una menor dotación de agua o ser capaces de aumentar la productividad de una misma dotación.

Para el aporte de todos

El sentido de estas dos huellas es claro, tiende a dimensionar cuán eficientes y productivos (en forma directa, cuán ineficientes e improductivos) somos en usar los recursos naturales: en un caso (la huella del agua), de la dotación de aguas dulces o continentales, y en el otro (la huella de carbono), principalmente del consumo de recursos energéticos (sobre todo, aquellos de base fósil) y otros insumos generadores de GEI (como fertilizantes nitrogenados y cal).

Si bien, el uso de estas huellas, a cualquier nivel de la vida organizada de las sociedades humanas, aún no llega a ser obligatorio para acceso a mercados de destino, es evidente que la presión social -principalmente proveniente del continente europeo- se empieza a sentir sobre quienes producen y venden bienes y/o servicios. Muchas empresas, no exclusivamente del mundo privado, están empezando a medir sus huellas de carbono y de agua, de manera de entregar información objetiva a sus consumidores y clientes, de montar estrategias de abatimiento y de establecer una instancia que los diferencie positivamente de su competencia.

Es posible que a través de la institucionalización de estas huellas y de otras que puedan aparecer en el futuro, la sociedad civil haga más y consiga resultados más efectivos en la lucha contra el cambio climático que los acuerdos internacionales alcanzados entre los gobiernos del mundo, como el Protocolo de Kyoto y otros que puedan ser firmados a futuro.

La aplicación de estas huellas le permite a cada persona hacer su aporte individual a la lucha contra el cambio climático antrópico y contra los efectos inducidos por este, sin tener que esperar a que termine el largo, engorroso y nunca seguro proceso de negociación entre los gobiernos del mundo para alcanzar acuerdos, que después hay que ver como cumplirlos.

El uso de las calculadores de estas huellas, disponibles a través de internet, posibilita que cada persona, dentro de sus propias circunstancias de vida, evalúe críticamente sus emisiones de GEI y sus consumos de agua, para luego estructurar cambios en sus hábitos de vida, con el fin de reducir de manera consistente y sostenida sus huellas de carbono y del agua.

Cómo ser más eficientes en el uso de las aguas dulces

•  A nivel de las personas : modificar hábitos despilfarradores (duchas más cortas, terminar con el goteo de las llaves y no abrirlas cuando no se requiere su consumo, no usar los grifos de calle como diversión, no regar en horarios de máximo calor o en momentos previos a pronósticos de lluvia, reemplazar equipos ineficientes por otros de mayor eficiencia comprobada),

•  A nivel de las empresas: aumentar el reciclaje del agua y mantener una vigilancia permanente sobre el estado de los equipos sanitarios instalados en sus edificios, así como también sobre los hábitos de consumo de sus empleados.

•  A nivel del Estado: invertir en robustecer la infraestructura de recaudación y almacenamiento del agua de escurrimiento superficial, de manera de que los años lluviosos (asociados a El Niño) no generen impactos negativos sobre los sistemas productivos ni sobre el emplazamiento humano, y contar con mayores volúmenes de agua para neutralizar mejor los años secos (asociados a La Niña ).

Sergio González Martineaux
Investigador INIA-La Platina
Integrante del IPCC (Task Force Bureau)
Co-Nobel de la Paz 2007

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