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A mediados de diciembre de 1876 se instaló en la plazuela de los Eliseos, en la cumbre del cerro Santa Lucía, el pedestal y una estatua de cuerpo entero de don Pedro de Valdivia, alma mater de la nacionalidad. Desde ese día, un continuo peregrinaje tuvo lugar en la tranquila colina, excitados los ánimos al conocerse por los diarios la conformación de la más excelsa comisión, que monumento alguno haya tenido en el país, destinada a estudiar el programa de festejos: Cornelio Figueroa, presidente, Francisco de Paula Figueroa, José Manuel Balmaceda, Benjamín Vicuña Mackenna, Abelardo Núñez, Justo Arteaga Alemparte, Zorobabel Rodríguez, Crescente Errázuriz y Carlos Walker Martínez.
Para el 1º de enero de 1877, a las 19:00 horas, quedó marcada la ceremonia. Una hora antes, más de 2.000 inquietos santiaguinos -masiva concurrencia que sorprendió a los periódicos de la época- abarrotaba las instalaciones del cerro, para no perderse detalle del evento social del año.
Al ingresar el Presidente de la República, Aníbal Pinto Garmendia, a la plazuela la banda primera de Cívicos ejecutó la Canción Nacional, que fue coreada por la enorme multitud en medio de los fragorosos cañonazos de salva.
Benjamín Vicuña Mackenna, primer orador de la jornada, sostuvo con su apasionado estilo, en medio del entusiasmo de los presentes, que todos estaban viviendo un día histórico. “Por primera vez una nación libre de la América española esculpía en bronce su gratitud a la memoria de sus redentores”. Sostuvo, además, con su briosa oratoria que “fue de los conquistadores, no de los vencidos, de donde vino el pueblo criollo que redimió la América. Fueron los descendientes de las huestes de Valdivia, no los de Caupolicán, los que concibieron la Independencia y la pelearon. ¡Glorifiquemos nuestro pasado en sus grandes hombres! ¡Alcancemos la estatua de los héroes sobre el pedestal que ellos mismos se labraron! Fue en este collado histórico donde el fundador se apeó de su caballo después de una marcha de mil leguas y eligió el ameno valle de descanso. Guardemos por esto con veneración este primer apostadero del caudillo y consagrémosle desde aquí como centinela mudo pero eterno, en los siglos por venir, de su propia obra y grandeza”.
En segundo lugar, Adolfo Valderrama remarcó desde el podio los puntos capitales de la conquista de Chile aseverando: “Ya monté su caballo para defender el terreno conquistado, ya escriba a su soberano, Valdivia es siempre el gran conquistador, severo en la disciplina, valiente, generoso, uno de los conquistadores de acero que el siglo XVI forjó con el martillo de la gloria en el yunque de la península ibérica”.
Al terminar los discursos, la bella estatua de mármol -cincelada en Florencia por el escultor italiano Luigi Costoli- fue descubierta por el primer mandatario Aníbal Pinto, en conjunto con los ministros Belisario Prats y Miguel Luis Amunategui. Tiene en su cara principal la siguiente leyenda: “Don Pedro de Valdivia, valiente capitán extremeño, primer gobernador de Chile, que en este mismo sitio acampó su hueste de ciento cincuenta conquistadores, el 13 de diciembre de 1540, dando a estas rocas el nombre de Santa Lucía”.
Desde esa lejana fecha, han transcurrido 471 años hasta el presente y la Patria ha realizado una larga jornada, mezclando alegría y dolores. Los hechos positivos han sido mayoría, como el que hoy estamos celebrando con este número-homenaje: las bodas de plata de “Cuerpo Diplomático en Revista”.
¡Enhorabuena!
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