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La prisión del Rey Fernando VII, producto de la invasión de España por las tropas de Napoleón Bonaparte, generó una serie de movimientos políticos en las colonias de ultramar, que derivaron posteriormente en aspiraciones de independencia, primero parciales y luego totales.
La asamblea del 18 de septiembre de 1810 no tuvo el significado histórico de cuna de la independencia que a posteriori se le ha otorgado. La gran mayoría de los juntistas sólo deseaba un gobierno propio, de carácter provisional, mientras se mantuviera en cautiverio al rey.
Ante la expectación de los asambleístas, en su condición de gobernante provisional, don Mateo de Toro Zambrano rompió el pesado silencio diciendo: "Aquí está el bastón, disponed de él y del mando", y volviéndose a José Gregorio Argomedo, con firmeza, añadió: "Secretario, cumpla usted con lo que le he prevenido".
Estas sencillas frases protocolares, contenían una fuerza interior que los propios protagonistas no sospecharon y que harían de los movimientos independentistas un ciclón histórico imparable. Una ruta sin posibilidad de regreso.
El procurador de la ciudad de Santiago, don José Miguel Infante en notable discurso ampliamente propiciatorio, leyó los nombres del propuesto gobierno de consenso: Presidente perpetuo, don Mateo de Toro Zambrano y Ureta; vicepresidente y primer vocal, el Ilustrísimo Obispo electo de Santiago, don José Antonio Martínez de Aldunate; segundo vocal, el Consejero de Indias, don Fernando Márquez de la Plata y Orozco; tercer vocal, el abogado don Juan Martínez de Rozas Correa; cuarto vocal, don Ignacio de la Carrera y Cuevas.
Para los momentos emotivos y políticos que se vivían, los nombres propuestos por Infante eran una orfebrería política de alto rango. Los dos primeros representaban al rey y a la iglesia, como poderes tradicionales; Márquez de la Plata , en nombre de la juntistas europeos; Martínez de Rozas, por los altos rangos de Concepción, e Ignacio de la Carrera , por los de Santiago.
Todos fueron aceptados con grandes aclamaciones, pero la Asamblea , sintiendo el fuego sagrado de la historia, pidió dos nombres más. Se acordó votación y sufragaron 436 asambleístas. La primera mayoría la obtuvo el coronel Francisco Javier Reina, con 99 votos, quien se incorporó como quinto vocal, y don Juan Enrique Rosales Fuentes, con 98 sufragios, juró como sexto vocal.
Todas la fiestas celebradas en honor del bicentenario arrancan de esa gesta maravillosa encabezada por don Mateo de Toro Zambrano, que nos hacen exclamar: ¡Ah, las fiestas de septiembre! ¡Las fiestas de septiembre! ¡Gloria eterna a los inventores de esas alegres y eternas celebraciones! |