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La posición de Argentina en América del Sur es de especial relevancia, tanto por el tamaño de su economía, especialmente su agricultura, su proyección estratégica hacia el Atlántico, su influencia política en la región y, por cierto también, su proyección estratégica hacia la Antártica. Asimismo, y en una perspectiva subregional, su pertenencia como miembro pleno del Mercosur le otorga una posición de relevancia en el diseño estratégico de Uruguay y Paraguay estableciendo una vinculación de alta interdependencia con Brasil.
En este contexto, es dable afirmar que la estabilidad democrática de Argentina, junto con su gobernabilidad, constituyen variables relevantes en la región.
Por una parte, la interdependiencia política, que define la imagen de toda región en el resto del mundo, exige que sus principales países muestren una fortaleza institucional y un grado razonable de gobernabilidad democrática. Del mismo modo, la interdependencia económica, expresada en la convergencia de equilibrios macroeconómicos, define las posibilidades de que la región pueda avanzar hacia acuerdos de libre comercio, superando la fase de tratados bilaterales.
En lo que respecta a lo político, es del caso señalar que el gobierno de Cristina Fernández no sólo representa una imagen inevitable de continuidad del gobierno de su marido, sino que surgen desafíos que se relacionan con la capacidad de fortalecer la economía del país, generar un espacio creíble para la oposición, fortalecer la institucionalidad democrática y avanzar en la integración de América del Sur, lo que supone, al menos, profundizar el Mercosur.
No obstante, en este ámbito, no se puede desconocer la influencia que ejerce Brasil, tanto en su relación con Argentina, como en el resto de la región.
De esta manera, la interdependencia de Argentina se define a partir de la naturaleza del sistema mundial y de los intereses estratégicos existentes en el Cono Sur, de los cuales Argentina no puede -aunque quiera- aislarse.
Paradoja económica
En lo económico, y más allá de los equilibrios macro y la compleja relación que mantiene con los organismos financieros internacionales, que la lleva a una cercanía, que no siempre es bien entendida con Venezuela, es necesario considerar su paradoja, que se expresa en que su recurso de mayor relevancia es la agricultura y ganadería, que enfrenta las restricciones de ingreso a Europa y Estados Unidos, pero abre mercados crecientes en Asia y Medio Oriente, cuestión que comparte con Brasil. Ello limita su posibilidad de libre comercio con el viejo continente y Norteamérica, afectando las probabilidades de América del Sur para generar una mesa de negociación unificada.
La idea de interdependencia implica evitar un efecto dominó, en términos que la crisis política y/o económica de un país afecte negativamente a otros. En ese sentido, las líneas de cooperación hacia Bolivia o Ecuador, que aparecen como los países de mayor debilidad democrática, constituyen un imperativo en el escenario regional. Para eso, el diálogo bilateral y la aceptación de una interdependencia creciente resultan ser cruciales en la proyección estratégica de cada uno de los países.
En este sentido, el liderazgo de Argentina resulta fundamental por las razones ya expuestas, y su no ejercicio compromete a los países de la subregión, en la medida que la ausencia de éste no puede ser llenada por ningún otro plenamente. Por tanto, junto con la natural preocupación por la gobernabilidad interna es necesaria una explícita estrategia de vinculación regional, que incorpore los intereses del Cono Sur, del resto de los países de América del Sur con los riegos inherentes a una potencial ingobernabilidad futura.
Guillermo Holzmann
Columnista Cuerpo Diplomático en Revista
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