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Abdullah Ommidvar, presidente de la Fundación Chilena de Imágenes en Movimiento (Fuchim)

"Me siento chileno ciento por ciento"

Por: Consuelo Bulo - Periodista - Edición Nº 175
 
Abdullah Ommidvar
 
Abdullah Ommidvar
 

Abdullah nació dentro de una típica familia musulmana, en Teherán, Irán, el 29 de septiembre de 1932. A los cinco años se sentaba en las piernas de su padre, quien le contaba historias antes de dormir. Tal vez fue a esa edad cuando comenzó a apasionarse por las aventuras que más tarde viviría en carne propia. Porque sus ganas de vivir no tienen límite. Trabaja 16 horas diarias, es un hombre lleno de magia, muy cálido, extrovertido y hasta el día de hoy le sonríe a la vida.

A los 21 años se fue de su país en búsqueda de aventuras, luego de haber estudiado antropología cultural. Es ahí cuando comienza un largo viaje camino al Lejano Oriente junto a su hermano. Decididos a formar el primer museo de ciencias de la naturaleza, proyecto que logro después de muchos años. Ahora puede decir con orgullo que en Irán existe el "Museo de los hermanos Ommidvar". Su hermano, radicado en Teherán, está dedicado a éste, y termina la última edición del libro de ambos, sobre sus viajes.

Abdhullah, quien habla siete idiomas, hoy día es presidente de la Fundación Chilena de Imágenes en Movimiento (Fuchim), dedicada desde hace 14 años a la restauración, conservación, fichaje y difusión de la historia del cine en Chile. También fundó Arauco Films, en donde ha coproducido algunas de las películas más exitosas de los últimos tiempos en el país: "Gringuito", "El Desquite", "Sangre Eterna", "La Niña en la Palomera", "Johnny Cien Pesos" y "Mi Famosa Desconocida", son una de sus producciones más conocidas.

Elige a un director distinto para cada película, para darle la oportunidad de hacer florecer el séptimo arte. "Yo nunca he querido hacer un cementerio millonario; los superávit de mi empresa comercial los gasto en la fundación, en las producciones de los largometrajes. De hecho, cuando llegué a Chile, hacía un largometraje cada dos años. Ahora estamos haciendo 20, todo esto ha sido para pavimentar el camino, porque el país que no produce cine es como un país sin memoria, porque no deja registrado los momentos", manifiesta.

Un devoto budista

En lo religioso, Abdullah abandonó la doctrina musulmana para convertirse en un devoto budista. Desde niño siempre andaba en búsqueda de algo, cuenta que desde que tenía seis años siempre le llamó la atención el Dalai Lama.

"Los musulmanes hacen todo con sentido de moraleja", dice. También hay una ética muy tácita, por ejemplo, en Irán no existen las notarías, explicando que lo que se registra es "la palabra". "El acuerdo entre personas es suficiente para cumplir un trato; acá en Chile hay mucho papeleo", comenta.

Al preguntarle por qué decidió radicarse en Chile, responde sin siquiera pensarlo: "Por una mujer". Recuerda que le habían advertido que en nuestro pais encontraría mujeres dulces, bonitas y buenas esposas.

En sus viajes alrededor del mundo convivió con sociedades judías, protestantes, mormonas, budistas, hindúes, y tras encontrarlas a todas maravillosas, la que más le gustó fue la budista. "Es muy exigente, más que una religión es una filosofía, un modo de vivir, es muy tolerante", precisa.

Abdullah está lleno de historias y viajes (logrando una cultura sorprendente). Siete meses convivió con los esquimales. "Yo estaba de polo a polo, también estuve siete meses en Australia, con los aborígenes, que es lo más primitivo de la faz de la tierra. Mi película sobre ellos ganó mucha plata, como si estuviera filmada en la época paleolítica, en toda la cinta no se ve ni una cosa, ni alumbrado público, ni metal, ni nada".

Explica que vino a Chile con la intención de dejar sus huesos aquí y, tambien, historia. "Cuando llegué a este país no había una cinemateca (algo grave), ya que es lo mismo que no haya bibliotecas, porque en un rollo de película caben 10 años de la historia del hombre".

Confiesa estar cansado de escuchar tanta información sin sentido en la radio y la televisión. Dice que los canales tienen la responsabilidad de conducir una buena sociedad, de hacer una programación ecuánime con la conducta moral de la gente, pensando en la necesidad de los niños, de la tercera edad, etc. Refiere que sólo deben medirlo con la cantidad de flujo de dinero y que en Chile es todo al revés. "Solamente hacen programas que el público exige. En mi país, hay una ventaja y desventaja, ya que todo está controlado por el Estado, realmente enseñan la moraleja, la vida puritana. Una cosa buena de Irán es que han vuelto a sus raíces", puntualiza.

Un hombre enamorado

A Chile llegó en 1959, radicándose definitivamente en 1963. En aquel tiempo conoció a quien es aún su esposa, Luisa. La idea del matrimonio no se le pasaba por la mente, ya que él estaba casado con la búsqueda, pero el destino le dijo otra cosa. Cuatro años y medio mantuvo correspondencia con su mujer. Explica que cada día el amor era más fuerte. "En ese tiempo no había fax, ni mail, ni Internet", dice.
"Chile tiene cientos de cualidades, es un país tranquilo, lindo para vivir", afirma. Pero confiesa que echa de menos la amabilidad de la gente, siente que antes era más hospitalarios y que las personas han perdido la cualidad de compartir con sus amigos. Hace 44 años que vive en el país y 39 que es chileno. "Me siento chileno ciento por ciento, después de haber recorrido 140 países".

Abdullah Ommidvar muestra un mundo totalmente único. Su oficina está llena de recuerdos de sus viajes: cientos de sombreros colgados en las paredes, cuadros del Dalai Lama, diplomas, esculturas recibidas en cientos de congresos en donde ha estado. También conocimos su famosa pezuña de elefante, que mantiene con mucho orgullo; la tradición de echarle dinero en su interior para la buena suerte, y su gusto por el café y los chocolates.

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