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Para María Auxiliadora Cerna de Avilez, Chile es su segunda patria. Llegó, por primera vez, desde su natal Nicaragua en 1985, antes del terremoto que afectó la zona central, y esta es la tercera ocasión en que se encuentra en nuestro país. "Permanecimos doce años seguidos, nos fuimos y volvimos. Son casi veinte años de amor con Chile", dice. Pero ella no es nueva en estas lides, ha trabajado en los directorios de las asociaciones de damas diplomáticas y extranjeras en las diferentes naciones donde su esposo o ella han sido destinados. Su idea siempre ha sido "apoyar en todo lo que uno puede, pues necesidades y pobres existen en el mundo entero".
-¿Qué la motivó a ingresar a la diplomacia?
-Conocí al que hoy es mi esposo, quien es cientista político y diplomático de carrera, cuando ocupaba el cargo de subdirector nacional de Protocolo del ministerio de Relaciones Exteriores en Nicaragua y yo acababa de graduarme como abogada y notario. Desde entonces he vivido casi 40 años entre mi profesión y las labores propias de la cónyuge de un diplomático.
Siempre estuve involucrada en las labores sociales de la embajada de Nicaragua, donde mi esposo estaba asignado como ministro consejero y otras veces como encargado de negocios. En Nueva York pertenecí a la Asociación de Señoras de Naciones Unidas. Todo lo que recaudábamos se enviaba a los lugares más pobres del mundo. Después acompañé a mi esposo cuando fue trasladado a la Cepal y, sucesivamente, como embajador en distintas partes. En todos los lugares que me ha tocado vivir he trabajado activamente en los directorios de las diferentes asociaciones de damas diplomáticas y extranjeras.
Mucho que recordar
-¿Hay algún momento de su vida como diplomática que recuerde especialmente?
-Muchos y como todo en la vida, tristes y alegres. En lo personal, el más feliz, mi matrimonio al que asistió todo el cuerpo diplomático acreditado en Nicaragua; haber tenido la oportunidad de conocer a la Madre Teresa de Calcuta, cuando ella visitó Nueva York, verla en su tremenda humildad y grandeza de espíritu; el regalo que nos hizo monseñor Aldo Cavalli de celebrar una misa en la Nunciatura cuando cumplimos 32 años de matrimonio. En otro aspecto, dentro de las asociaciones de señoras diplomáticas, haberme relacionado con todo lo que hacen las instituciones de beneficencia en favor de los más necesitados, conocer muy de cerca la enfermedad, la soledad, las desesperanzas y lo mucho que podemos hacer. Alcanzaría para escribir un libro. Con mi familia, también pasamos situaciones muy tristes, especialmente cuando mi país padeció una guerra civil, donde nuestros amigos diplomáticos nos apoyaron siempre.
-¿Qué significa ser la presidenta de las damas diplomáticas?
-Un honor que me confirieron las socias al elegirme y la oportunidad de servir y agradecer a Dios en la persona de mis semejantes, entregando mi tiempo y mi trabajo, que junto con el de todas, sabemos que sirve para aliviar un poco tantas carencias.
-¿Tiene algún plan de trabajo para el tiempo que dure su cargo?
-Estamos abocadas a realizar el baile de gala y el gran bazar internacional, donde no sólo compartimos entre nosotras y la sociedad chilena nuestra cultura, artesanía, comidas, bailes, sino que estos eventos nos permiten reunir fondos para ir en ayuda de los más necesitados, pues la crisis económica ha afectado a muchas personas. Y como dijo Su Santidad Juan Pablo II cuando visitó Chile en 1987: "los pobres no pueden esperar".
María Auxiliadora Cerna de Avilez fundamenta: "queremos llevar alivio a quienes tienen sus esperanzas puestas en nosotras. Sueño con que la Asociación de Damas Diplomáticas tenga su propia sede y esperamos, con el apoyo de nuestros patrocinadores y desde luego el invaluable respaldo de las socias diplomáticas y colaboradoras, poder hacer realidad este anhelo". |